El metal precioso comenzó julio cerca de los 4.000 dólares por onza, recuperó parte del terreno perdido y llega al cierre del mes condicionado por los tipos de interés, el dólar y la demanda de los bancos centrales. ¿Qué podemos esperar en agosto y durante los últimos meses de 2026?
Julio dejó una señal importante para el mercado del oro: la tendencia estructural de largo plazo continúa siendo sólida, pero el camino dejó de ser lineal. Después de alcanzar un máximo histórico cercano a los 5.595 dólares por onza el 29 de enero, el oro corrigió con fuerza durante el primer semestre y llegó a cotizar por debajo de los 4.000 dólares.
Al comenzar julio, el precio se situaba alrededor de los 3.970–4.000 dólares por onza. Durante las primeras semanas, la presión de un dólar más firme y el aumento de los rendimientos de los bonos estadounidenses limitaron la recuperación. Sin embargo, hacia la última semana del mes el metal volvió a moverse sobre los 4.050–4.100 dólares, recuperando aproximadamente entre un 2% y un 3% desde los mínimos de inicio de mes.
La evolución fue especialmente volátil. El 7 de julio, Reuters informaba que el oro cotizaba en torno a los 4.140 dólares, después de haber subido más de un 2% la semana anterior. Más tarde, el mercado volvió a retroceder ante la expectativa de una Reserva Federal menos flexible y el temor de que la inflación energética obligara a mantener los tipos elevados durante más tiempo.
¿Qué explicó el comportamiento del oro en julio?
El principal factor fue la política monetaria de Estados Unidos. El oro no genera intereses, por lo que suele perder atractivo cuando suben los rendimientos reales de los bonos. Durante julio, los inversores ajustaron sus expectativas sobre las próximas decisiones de la Reserva Federal, impulsando al dólar y provocando ventas en posiciones especulativas de oro.
La tensión geopolítica también tuvo un efecto complejo. Habitualmente, los conflictos internacionales favorecen al oro como activo refugio. Sin embargo, el conflicto en Oriente Medio elevó el precio del petróleo y reavivó el temor a una inflación más persistente. Esa posibilidad llevó al mercado a descontar tipos de interés más altos, generando presión vendedora sobre el metal.
El World Gold Council explicó en su informe de mitad de año que el oro se encuentra actualmente bastante alineado con un escenario de crecimiento mundial moderado, inflación todavía elevada y tipos de interés restrictivos. Bajo esas condiciones, el organismo estima que el precio podría moverse en un rango aproximado de más o menos 5% alrededor de los 4.100 dólares durante el segundo semestre.
No obstante, el mismo análisis identifica tres posibles catalizadores alcistas: un deterioro de la economía o de la situación geopolítica, un cambio en las expectativas de tipos de interés y un regreso sostenido de los inversores a fondos cotizados respaldados por oro.
Expectativas para agosto
Agosto podría ser un mes de consolidación, aunque con oscilaciones importantes. El nivel de los 4.000 dólares se ha convertido en una referencia psicológica y técnica relevante. Mientras el precio se mantenga por encima de esa zona, el mercado conservará una estructura relativamente estable y los compradores de largo plazo podrían aprovechar las correcciones para aumentar sus posiciones.
En el escenario base, el oro podría moverse durante agosto entre aproximadamente 3.950 y 4.300 dólares por onza. Este rango no representa una predicción exacta, sino una estimación razonable basada en la volatilidad observada y en el escenario central del World Gold Council.
Para que el precio avance hacia la parte alta del rango, sería necesario observar señales más favorables: un debilitamiento del dólar, menores rendimientos reales, datos económicos que enfríen las expectativas de subidas de tipos o nuevas tensiones internacionales. En cambio, un dólar fuerte y una Reserva Federal más agresiva podrían llevar al oro nuevamente hacia la zona de 3.800–3.900 dólares.
Los datos de inflación y empleo de Estados Unidos serán especialmente importantes. También habrá que seguir las compras oficiales. Según la encuesta más reciente del World Gold Council, el 45% de los bancos centrales consultados espera aumentar sus reservas de oro durante los próximos doce meses, el porcentaje más alto desde que comenzó esta encuesta en 2018. Esa demanda institucional ofrece un soporte que no depende exclusivamente de los movimientos diarios de los inversores financieros.
Predicciones para lo que queda de 2026
Las previsiones para el cierre del año muestran una dispersión considerable, algo habitual después de un movimiento tan pronunciado. En la encuesta de pronósticos de la London Bullion Market Association, distintos analistas situaron sus promedios anuales aproximadamente entre 4.250 y 4.427 dólares por onza, aunque con rangos bastante más amplios.
HSBC, que revisó sus estimaciones en julio, proyecta un precio promedio de 4.560 dólares para 2026 y un cierre anual cercano a los 4.750 dólares. La entidad reconoce que el dólar fuerte y una política monetaria más restrictiva han reducido sus expectativas, pero también considera que los riesgos bajistas podrían estar parcialmente descontados.
Commerzbank, citado por Reuters a finales de julio, redujo su objetivo de cierre a 4.500 dólares. Su argumento es que una recuperación duradera necesitaría un cambio en las expectativas de tipos, un regreso de los flujos hacia los fondos cotizados y una mejora clara del sentimiento inversor.
El World Gold Council plantea un escenario central más prudente: estabilidad alrededor de los niveles actuales, con posibilidades de recuperación hacia los 4.500 dólares si aparece un catalizador claro. Para superar de forma sostenible los 5.000 dólares, sería necesario un cambio importante en el entorno macroeconómico o un aumento significativo de la demanda de refugio.
En términos prácticos, podemos imaginar tres escenarios para el resto del año:
- Escenario de consolidación: el oro se mantiene entre 3.900 y 4.300 dólares, con volatilidad pero sin una tendencia definida.
- Escenario alcista: una desaceleración económica, menores tipos reales o nuevas tensiones geopolíticas impulsan el precio hacia 4.500–5.000 dólares.
- Escenario bajista: el dólar continúa fortaleciéndose, la Reserva Federal mantiene una postura restrictiva y el oro retrocede hacia 3.700–3.900 dólares antes de encontrar compradores.
La clave es que ninguno de estos escenarios elimina el valor estratégico del oro. Incluso después de la corrección desde el máximo de enero, el metal continúa mostrando una rentabilidad interanual positiva y conserva una función relevante como diversificador, reserva de valor y protección frente a la incertidumbre monetaria y geopolítica.
Una oportunidad para invertir con visión de largo plazo
La volatilidad de julio recuerda que el oro no sube todos los meses ni ofrece resultados garantizados. Sin embargo, también demuestra por qué muchos inversores lo incorporan de forma gradual a sus carteras: permite comprar en distintos momentos, reducir el riesgo de entrar en un único precio y mantener exposición a un activo con demanda global.
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Este artículo tiene carácter informativo y no constituye una recomendación financiera personalizada. El precio del oro puede subir o bajar y las rentabilidades pasadas no garantizan resultados futuros.
Bibliografía
- World Gold Council — Gold Mid-Year Outlook 2026: Point break
- London Bullion Market Association — Analysts’ Forecasts 2026
- Reuters — HSBC lowers 2026–27 gold price forecasts
- Reuters — Gold falls as dollar hovers near one-month peak
- OANDA — July 2026 gold market overview
- Cinco Días — Los bancos centrales esperan comprar oro este año a un ritmo nunca visto


